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Resumen:
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La introducción de los antimicrobianos en la práctica clínica marcó el comienzo de la medicina moderna, pero con el tiempo los microorganismos pierden su sensibilidad natural a estos agentes. Entre los factores implicados destaca la relación estrecha entre antimicrobianos y desarrollo de resistencia (McGowan, 1987; Owens, 2008; Martínez-Martínez, 2010). La problemática actual se centra en el aumento del uso de antibióticos, especialmente significativo en carbapenémicos y polimixinas (van Boeckel, 2014), y en su uso no óptimo, marcador del impacto evitable sobre la resistencia (Dellit, 2007). Se ha comprobado en distintas zonas geográficas que el uso es inapropiado hasta en un 30-50% en el ámbito hospitalario (Cizman 2003). Así, la resistencia es una alarma mundial, independientemente del país y la sofisticación de su sistema sanitario. El Centro para la Prevención y Control de Enfermedades ha estimado que la resistencia es responsable de más de 2.000.000 de infecciones y 23.000 muertes anuales en EEUU (Gelband, 2015). Este hecho y sus consecuencias ocupan un lugar destacado en las políticas mundiales (TATFAR, 2014; WHO, 2015; ONU, 2016), estadounidenses (White House, 2015), europeas (Comunicación de la Comisión Europea al Parlamento Europeo y al Consejo Europeo, 2011) y españolas (Plan estratégico nacional, 2014)...
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