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Resumen:
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Los beneficios que nos ofrece la elaboración de medicamentos a través de la formulación magistral son innegables y cada vez más reconocidos. El comienzo de la industria farmacéutica hizo que olvidáramos las ventajas de este arte. No obstante, la “despersonalización” que supone la elaboración a gran escala, hace que sea el paciente quien tenga que adaptarse al medicamento, situación compleja en pediatría. Las características especiales de esta población, así como su vulnerabilidad, nos obligan a recurrir a la formulación magistral, la cual nos permite alcanzar el ideal terapéutico: la individualización del tratamiento. El empleo de esta disciplina se ve acentuado por la escasez de medicamentos pediátricos que se encuentran en el mercado, además de las pocas indicaciones, dosificaciones y posologías específicas para niños, que encontramos en los prospectos y fichas técnicas de las especialidades farmacéuticas comercializadas. Dicha situación, junto con los problemas que presenta la realización de ensayos clínicos durante la infancia, provocan la necesidad de tratar a esta población basándonos en la experiencia clínica, y no tanto en la evidencia científica, eligiendo como alternativa más adecuada la formulación magistral que se adapta al paciente y su patología.
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